Por una nueva sociología científica: Datos y herramientas para sociólogos peruanos | Diego Mauricio Paucar-Villacorta
8:30:00 a.m.
Resumen
La
imagen de la sociología en Perú está atravesando un proceso de progresiva
reducción de su relevancia a nivel público y privado, lo cual podría alimentar finalmente
un círculo vicioso que afecta la seriedad e identidad profesionales de varios
de sus practicantes, repercutiendo también en sus salarios. La sociología académica
peruana, al mismo tiempo, permanece en un impertinente silencio con respecto de
“Qué es”, “Para qué sirve” y si podría ser una “Ciencia”. Este ensayo intenta
analizar el problema y visibilizar las experiencias más útiles de
“cientifización” de la sociología con el objetivo de brindar ideas y
herramientas a cualquiera interesado a responder adecuadamente a un contexto de
revaloración del conocimiento científico a nivel nacional y de progreso de la
sociología internacional. En la primera parte cuestiono el mito de la
“uniformidad” de la ciencia y realzo la importancia de la diversidad en la
historia de la sociología, como prefacio una exposición sistemática de las
brechas internacionales en el mundo de la publicación científica e intentos
contemporáneos, serios y diversos, de volver a la sociología más “científica”.
Varias ideas sobre la utilidad de estos intentos en el progreso de la
sociología peruana pueden encontrarse en todo el ensayo. Finalmente, se ofrecen
algunas reflexiones sobre las singularidades de la sociología Peruana y se
invita a los lectores a tomar acción a través de la construcción de un proyecto
colectivo on-line.
Palabras clave: Historia de la Sociología, Ciencia, Sociología Peruana, Teoría Sociológica, Experimentos Sociales.
Abstrac
The image of sociology in Peru is going through a
progressive declining of its relevance in public and private contexts, what
seems to strengthen a vicious cycle which could finally affect the professional
rigor and identity of many of its practitioners, not to mention their salaries.
At the same time, academic Peruvian sociology remains in a blatant silence
surrounding “what it is”, “what it is for” and if it could really be a “science”.
This essay tries to analyze the problem and show the most useful experiences of
“scientification” of sociology in order to give ideas and tools to anyone
interested in responding adequately to a new context of national support of
scientific knowledge and the ongoing international progress of sociology. In the first part, I challenge the myth of
“uniformity” in science and assess the importance of diversity in the history
of sociology as preface to a systematic exposition of the international gaps in
the world of scientific publishing and serious as wells as diverse contemporary
attempts to make sociology more “scientific”. Ideas about the usefulness of
these attempts on the progress of Peruvian sociology are found all along the
essay. Finally, some thoughts are offered about the singularities of Peruvian
sociology and readers are invited to take action on the issue through the
construction of a collective online
project.
Palabras clave: History of Sociology, Science, Peruvian Sociology, Sociological Theory, Social Experiments.
Introducción
¿Por qué
debería la sociología ser una ciencia? A pesar de todos los avances y debates
históricos dentro de la filosofía de la ciencia, los sociólogos peruanos mantienen
diferentes ideas sobre el tema. Hoy en día, tomar una posición a favor o en
contra de la posibilidad de una sociología “científica”, aparentemente, es considerado
algo radical. No obstante, una conclusión de aquellos históricos debates
filosóficos, por ejemplo, ha sido la inexistencia de una definición totalmente
consensuada en el mundo de lo que hace a una ciencia, una ciencia[1].
Y si los progresos actuales de la sociología norteamericana, para algunos, han
puesto fin a la aparente “crisis” de la sociología empírica desarrollada en ese
país (McKie y Ryan, 2015), también deben visibilizarse los animados debates
tejidos en inglés a través Reddit y ResearchGate, famosos foros on-line, que demuestran diferentes ideas
de los anónimos usuarios norteamericanos acerca de si la sociología es o no una
ciencia[2].
Varios
sociólogos europeos y latinoamericanos han tratado de justificar la existencia
y relevancia de la sociología desde sus perspectivas particulares durante el
último siglo (Giddens, 2000, Lahire 2006, Jhonson, 2008, Bauman, 2014). En Perú,
eso implicó la publicación de varios textos “teóricos” en manos de algunos
sociólogos de la PUCP y San Marcos entre 1990 y 2010. Sin embargo, podemos
interpretar la existencia de estas publicaciones como síntomas de otro
fenómeno. Lo que me gusta llamar “crisis de identidad” en la sociología peruana[3]
(generalizando un fenómeno que puede expresarse de forma distinta en Huacho,
Arequipa, Huancayo o Lambayeque) se trata del tipo ideal de un problema
histórico, institucionalizado y observable en el día a día de los alumnos de
pregrado. La frase básicamente expresa que las escuelas universitarias no pueden
responder a “qué es” y “para qué sirve” la sociología[4],
ni ejecutar proyectos sobre las respuestas posibles, volviéndola (pese a su
antigua tradición) irrelevante en el mundo científico, la sociedad y el mercado
laboral peruano (Leis, 2002; Sotelo, 2010). Como resultado, una comparación de
los datos del mercado laboral de los sociólogos elaborado por la Bolsa de
Trabajo PUCP (2014) y Ríos, Huaytalla y Romero (2015) revelan no sólo una
desigualdad enorme en los rubros en que trabajan los sociólogos egresados de
ciertas universidades a nivel nacional, agrupando a la mayoría en la gestión
pública y a una privilegiada minoría en las empresas privadas y consultoras, sino
también la desvalorización de habilidades profesionales que no tengan que ver
con la investigación o la gestión de proyectos sociales. La misma crisis se
relaciona a la diferencia tajante entre academia y profesión encontrada en
entrevistas a sociólogos veteranos (Huaytalla, Romero y Vargas, 2013), al
debilitamiento del rol del Colegio de Sociólogos y al encarecimiento económico
de la investigación universitaria en sociología, poniendo en peligro su
existencia como disciplina académica[5].
No
obstante, desde la perspectiva del autor, en la situación presente sí existen
posibles soluciones, pero eso depende de nuestro atrevimiento cognitivo (sorprende
la ínfima presencia de publicaciones sobre esta crisis, y la falta de
estrategias viables de solución[6]).
Quizá esto sea más fácil de comprender si se atiende la herencia democrática de
la universidad latinoamericana y sus varias luchas: responder a este contexto
requiere de la colectividad organizada y de una respuesta crítica desde
nuestras universidades, así como de diálogos, estrategias y alianzas para tejer
un futuro mejor; pero también requiere de curiosidad y de las habilidades
necesarias para leer e interpretar la sociología realizada en otros países,
utilizándola en nuestro provecho. Este trabajo trata de poner en la mesa
algunos datos importantes sobre ella en forma de materia prima para los
interesados en nuevas maneras de entender y emprender la sociología. En la
primera parte se cuestiona el mito de la “uniformidad” de la ciencia y realzo
la importancia de la diversidad en la historia de la sociología, como a una exposición sistemática de las brechas
internacionales en el mundo de la publicación científica e intentos
contemporáneos, serios y diversos, de volver a la sociología más “científica”.
Finalmente, se ofrecen algunas reflexiones sobre las singularidades de la
sociología peruana y se invita a los lectores a tomar acción a través de la
construcción de un proyecto colectivo on-line.
La ciencia y la sociología
En
un curso online de la Universidad de
Ámsterdam disponible a través de la plataforma de cursos gratuitos Coursera[7],
entrevistas a tres científicos sociales alemanes revelaron que la constelación
científica de las publicaciones académicas en psicología social, ciencia
política y metodología cuantitativa, con todo el progreso que han experimentado
sus respectivas comunidades científicas en algunos países desarrollados, en
realidad gira en torno a la dinámica de refutaciones y competencia que ha
permitido la verificación sucesiva de diversas teorías a nivel internacional.
Curiosamente, el único sociólogo entrevistado no tuvo interés en estos temas y
en cambio parecía más bien desinformado de todo esto (lo que no hace justicia
de una serie de sociólogos extranjeros).
El
primer sociólogo que trató de manera exclusiva las diferencias entre sociología
y ciencia fue, por supuesto, Auguste Comte, cuya consideración de la
“sociología” como ciencia natural y política positiva al mismo tiempo (Comte, 1851,
1883) le valió la crítica de Jhon Stuart Mill (Pickering, 2009: 11) y el
replanteamiento de la sociología en manos de otros filósofos neoiluministas,
incluyendo a Spencer (Agramonte, 1949; Lepenies, 1994). Las diferentes
respuestas de los primeros sociólogos a qué cosa era exactamente la sociología
(i. e., las de Durkheim, Simmel, Weber, Tarde, Wright Mills o Germani) reflejan
la relación particular de cada uno, primero, con respecto de la filosofía social de su época y, en
segundo lugar, con respecto de la filosofía
de la ciencia a su disposición. Ellos actuaron, más que como “científicos”,
como artistas (Nisbet, 1966). El sociólogo peruano Aníbal Ísmodes (1959), antes
de mencionar un texto español de 1909, La
Paz Social, que contiene veintidós definiciones (sin la influencia alemana
ni norteamericana, aún) y citar una lista de su tiempo con cerca de treinta
definiciones clásicas de la sociología, asevera que “reina una indiscutible
anarquía” en la definición del objeto de la sociología. Sin embargo, un
proyecto de una sociología “empírica” o “científica”, en un sentido
lógico-empirista, fue originalmente desarrollado en la posguerra, aunque de
formas distintas, por la escuela norteamericana de Columbia en Estados Unidos, y,
bajo influencia de esta, en Inglaterra (Kent, 1981; Savage y Burrows, 2016), en
Alemania Occidental (König, 1973; Alexander, 1992, Mayntz, Holm y Hübner, 2005),
y, hasta cierto punto, en Sudamérica (Gonzáles, 1999).
Aún
estos intentos estuvieron mediados por cierta comprensión parcial sobre lo que
significaba hacer ‘ciencia’ o ‘teoría’ (Hage, 1994). Howard Becker (en Pratt-Chairfield,
1949) señalaba que la ciencia era una actividad humana orientada “hacia la
formación sistemática de las probabilidades de repetición, hipotética o real,
de determinados fenómenos que, para los fines perseguidos, se consideran
idénticos”; mientras, antes de la guerra, Ogburn y Nimkoff (1940)
caracterizaron la ciencia desde la separación de “las creencias, las supersticiones
y las falsedades”. Por otro lado, Ísmodes (1959) sigue a Leclerq (1948) al
decir que “hoy en día, los gnoseólogos no están de acuerdo sobre el sentido
real de la ciencia” (p. 12), y, que “de la crisis del concepto de ciencia se
han derivado teorías causales del progreso científico actual” (p. 13).
En dicho
sentido, diccionarios estándares demuestran que aún hoy no es lo mismo decir en
el mundo “ciencia”[8], “science”[9]
y “Wissenschaft”[10],
considerando que existen múltiples posiciones acerca de la unión o desunión del
conocimiento científico y asumiendo estas definiciones como fruto de algún
consenso mayoritario; mientras, aún un filósofo de la ciencia unificacionista
como Gerhard Schurz encuentra problemas para integrar las lógicas de la
explicación científica (de acuerdo a él, legalidad,
causalidad y unificación -Schurz, 2014). Ya un controvertido historiador de la
ciencia demostró en el siglo pasado que teorizar sobre “la” ciencia y “el”
método científico es un error a la luz de la histórica suma de irracionalidad y
racionalidad debajo de los experimentos de los médicos alejandrinos y los
programas científicos de Galileo, Newton y Einstein (Feyerabend, 2008). En
adición, la interpretación de la historia de la ciencia como programas de investigación científica (Lakatos
y Feigl, 1970) nació de una seria consideración de los argumentos en el debate
entre Kuhn, representante de la interpretación del progreso científico por
“revoluciones” causadas por descubrimientos accidentales, y Popper, quien
asumió una perspectiva racionalista y lógica acerca de la historia de la
ciencia. Otra solución, preguntarse por la diferencia entre el conocimiento
científico y no-científico, ha resultado en el “problema de la demarcación”
sobre el que los filósofos han tomado posiciones muy diferentes[11].
No
obstante, reconocer esta diversidad
creativa, en palabras de Feyerabend, dentro
de la historia de la filosofía de la ciencia así como de la sociología no es
una justificación adecuada del argumento en contra de la posibilidad del
conocimiento científico, como el constructivismo y el posmodernismo parecen
asumir[12].
Todo lo contrario. El mismo Feyerabend llegó a afirmar, luego de decir: “es
imposible una teoría de la ciencia”, que: “sólo existe un proceso de
investigación, y hay todo tipo de reglas empíricas que nos ayudan en nuestro
intento de avanzar, pero que tienen que ser siempre examinadas para asegurar
que siguen siendo útiles” (Feyerabend, 2008: 25). Las distintas formas que ha
adoptado la ciencia en la historia de diferentes países[13]
(demostrando que la ciencia no ha sido únicamente “moderna” y “occidental”), el
progreso de la tecnología y el moderno mundo de la publicación científica
hablan de la existencia de estas reglas e, incluso, de la integración de varias
de ellas (como intenta Schurz, 2014).
La publicación científica internacional
La
publicación científica en Perú no produce el mismo impacto colectivo ni
recompensas personales que la norteamericana o europea, y menos en sociología. Esto
implica que tampoco produce la misma dinámica de críticas científicas ni se
caracteriza por la misma exigencia que ha resultado en fuertes “comunidades
científicas” alrededor de cientos de revistas en todas las disciplinas,
normalmente a través del idioma inglés. Las estadísticas lo demuestran: de las
revistas latinoamericanas en el rubro “Ciencias Sociales” en Scimago, sólo un puñado de revistas
brasileñas y chilenas (menos de 10 en total) ocupan el “primer cuartil” de las
revistas indexadas más citadas[14]
en el mundo entero, y ninguna lo hace en el sub-rubro “Sociología y Ciencias
Políticas”; en cambio, de las 951 revistas indexadas en “Sociología y Ciencias
Políticas” en todo el mundo, 237 pertenecen al primer cuartil, y casi todas son
norteamericanas o inglesas[15].
Considérese que justamente la sociología junto con la cienciometría, han
desarrollado herramientas y formas de aproximarse a la práctica de las
diferentes disciplinas científicas (Mulkay, 1979; Lamo, Gonzáles y Torres,
1994; Agazzi, Echeverría y Gómez, 2008). Esto podría ayudarnos mucho,
considerando que sólo hay 4 sociólogos y politólogos peruanos que han publicado
en revistas de primer cuartil del mundo entero hasta 2015[16].
Dicha desigualdad,
tanto como el manejo básico del inglés, no deben ser limitaciones para que los
y las practicantes o estudiantes de sociología en el Perú intenten conocer e
incluso competir con la sociología que se hace en otras partes del mundo. Al
contrario: debería ser un impulso. El autor de este ensayo intentó contactar
personalmente a los editores de algunas revistas de sociología del primer
cuartil por medio de e-mail, sólo
para descubrir que aquellas están abiertas a recibir contribuciones de estudiantes
extranjeros de manera gratuita (casi todas). Aquella realidad debe considerarse
seriamente si queremos encarar un contexto de competitividad científica
internacional propulsado por internet (Gómez et al., 2009; Leydesdorff y
Milojević, 2012; Sparc, 2013; Elsevier, 2014, 2015). Asumir este reto implica
someterse a reglas estrictas y un cronograma que puede extenderse por más de un
año para un solo artículo. En adición, la exigencia que requiere la publicación
de un artículo científico en revistas del primer cuartil tiene un efecto por
partida doble: si tenemos investigadores más prospectivos y exigentes consigo
mismos, también tendremos una mejor sociología peruana.
La teorización en sociología
Otra
forma de explorar la posibilidad de una sociología “científica” es a través de
la palabra “teoría” (Powers, 2010). Al hablar de “teoría” sociológica no nos
limitemos a las “teorías” de los sociólogos clásicos o a las perspectivas
sociológicas que ya vimos o que podemos crear; de acuerdo a lo que es consenso
en la filosofía de la ciencia occidental, llamamos así a toda serie relacionada
de hipótesis empíricamente fundamentadas sobre la realidad social que cada
sociólogo puede crear desde y sobre cualquier lugar del mundo, no sólo un grupo
de añejos europeos, eruditos escritores o “capitalistas teóricos” (Glaser y
Strauss, 1967). Contra de Jeffrey Alexander (en Giddens y Turner, 1990), y
retomando los postulados de Gibson (1968), Glaser y Strauss (1967), Hage (1994)
y Russo (2009), es posible sostener que en sociología es deseable la generación y crítica de teorías
realmente científicas. En parte, porque ninguno de los argumentos comunes
contra los rezagos del “positivismo” en sociología tienen suficiente poder
argumentativo para negar que las ciencias sociales carezcan de referentes
empíricos en absoluto, o que no existan las regularidades sociales, o que no se
pueda generar teoría desde los datos (Gibson, 1968); ideas que además escapan por
completo al positivismo comteano original, como es patente al evaluar la
inexistencia de textos metodológicos de Auguste Comte.
Lo mismo
puede decirse a partir del análisis de las diversas corrientes en sociología y
las propuestas de integración “teórica” de la sociología (Ritzer 1992; Sawyer
2005; Jhonson 2008, Reed, 2011, Corcuff y Singly 2011; Zahle y Collin 2014), de
la existencia de libros de texto extranjeros sobre teorías sociales
multidisciplinarias (juegos, redes sociales, globalización, intercambio,
desarrollo) y teorías sociológicas sobre áreas específicas (sociología médica,
del envejecimiento, de las migraciones o de la familia). Todas estas
consideraciones deberían bastar para convencernos de que la creación de teorías
científicas en sociología es posible y deseable, aunque dicha empresa puede
realizarse de maneras muy creativas (Aufrecht, 2010, Jaccard y Jacoby, 2010,
Schurz, 2014, Swedberg, 2016).
Una mejor metodología
Cuando
un sociólogo inventa una manera relevante de analizar la sociedad, todas las
otras ciencias sociales son beneficiadas. Literalmente, el análisis factorial,
el análisis del discurso, el análisis de las conversaciones, el análisis de
redes sociales, etc., todas técnicas creadas en gran medida por sociólogos y
utilizadas hoy por profesiones diversas en el mercado laboral (marketing,
diseño de dispositivos digitales, enfermería, biología, etc.). El detalle es
que una gran parte de (sino todas) estas metodologías han sido apropiadas,
modificadas, optimizadas e investigadas profundamente por científicos sociales
norteamericanos. ¿Por qué las ciencias sociales latinoamericanas no han hecho
algo parecido? La respuesta puede encontrarse en la inexistencia de un campo de
la ciencia llamado “investigación metodológica” o, simplemente, “metodología”
en nuestras ciencias sociales.
Aquel campo
interdisciplinario es el encargado, generalmente, del perfeccionamiento y
avance técnico de los métodos cuantitativos (Groves et al., 2004; Saris y
Gallhofer, 2014). Un curso gratuito disponible en Coursera desde hace un par de
años, Diseño de encuestas para ciencias
sociales (promovido por la Universidad de Michigan), está casi enteramente
fundamentado en los avances de dicho campo[17].
El curso inicia presentando algunos conceptos epistemológicos básicos (como
‘precisión’ y ‘exactitud’) y progresa sobre la base de una interpretación del proceso
de la recolección de datos cuantitativos como un ciclo comunicativo; por ello,
sin despegarse de su objetivo, el curso enseña que la metodología se fundamenta
en una teoría comunicacional de marco y, en lo empírico, enseña que una serie
de técnicas micro-sociológicas, estadísticas y experimentales (cuantitativas y
cualitativas) pueden ser desplegadas para optimizar el diseño y construcción de
encuestas (mostrando resultados de investigaciones empíricas sobre los errores
de diseño, visualización, orden entre preguntas, etc.).
En
cuanto al análisis de la información
proveniente de las encuestas, Paul Lazarsfeld (otro sociólogo norteamericano)
desarrolló y probó la utilidad de una serie de técnicas para campos
específicamente sociológicos como la comunicación de masas, opinión pública y
criminología (Bailey, 1993). Pero, al hacerlo, generó un beneficio que también
el marketing supo aprovechar. ¿La
prueba? Que, a juzgar por sus respectivas páginas web, cada vez con más fuerza algunas
empresas de estudios de mercado internacionales como GFK, Ipsos y Datum
fundamentan sus productos y trabajo en la investigación metodológica; y que hoy
existen certificaciones internacionales a la calidad de la investigación
cuantitativa en organizaciones sobre la base de estos progresos (ISO 20252).
Ahora
bien, en toda esta exposición, se ha defendido la idea de que no sólo se hace
“ciencia” con datos cuantitativos; en teoría, también es posible plantear y
medir los objetivos de la investigación cualitativa, así como mejorar sus
técnicas por medio de los avances en diferentes disciplinas. Ya algunos han
propuesto “estándares” de calidad en investigación cualitativa (Seale, 1999;
Malterud, 2001; Hammersley, 2007), y algunas de las empresas mencionadas
ofrecen productos que mezclan investigación cuantitativa con cualitativa.
También hay una serie de investigaciones interdisciplinarias que
científicamente exploran las implicancias de conceptos como “narratividad”,
“discursos”, “memoria”, y otros que son bastante comunes en el “análisis”
cualitativo (Stanovich, 2011; Martin y Bickhard, 2012; Potter, 2013; Parker,
2014; Brockmeier, 2015; Vassilieva, 2016). Pero hay un método indiscutiblemente
científico que ha sido desaprovechado por la sociología académica peruana hasta
ahora: la experimentación.
Experimentos sociales
¿Por qué
los experimentos son tan importantes para la ciencia? En primer lugar, porque nos
permiten probar ideas originales que explican ciertos fenómenos al aislar las
variables explicativas que nos interesan y modificarlas para así ver si sus
efectos potenciales contradicen o verifican lo predicho por la teoría (o
hipótesis). Los experimentos modernos se caracterizan por eliminar variables
externas, la precisión en la medición de variables elegidas estratégicamente,
el análisis factorial (de conjuntos o probabilidades) y la replicación (Fisher,
1935). Generalmente, en las ciencias sociales, sólo la psicología ha realizado
experimentos totalmente controlados para la elaboración o prueba de teorías.
Hubert M.
Blalock, fenecido sociólogo americano, desarrolló durante los sesenta una serie
de modelos matemáticos para el establecimiento de lo que se llamó
posteriormente “análisis de caminos”, base de los modelos de ecuaciones
estructurales (SEM, por sus siglas en inglés) utilizados hoy en día por
científicos en todo el mundo para diseñar sus experimentos y probar teorías
(Barringer, Eliason y Leahey en Morgan, 2013). Esta contribución, entre muchas
otras, ha sido la base de la mezcla entre probabilidad, lógica, filosofía de la
ciencia e investigación que se ha denominado “análisis causal”, cuyas
aplicaciones se extienden a las ciencias sociales (Morgan, 2013). Ahora bien, es
parte del sentido común enseñado por nuestras universidades que la sociología
(junto a varias otras ciencias sociales) es una ciencia no-experimental. Nótese
que, para Holland (1986), “No hay causalidad sin manipulación”; esto es, sin
experimentos genuinos. En contraste, Pearl (2009) responde que la
característica más importante de la causalidad no es la posibilidad de
manipular variables, sino la posibilidad de variación en ciertas variables
respecto de la variación en otras; de igual manera, Russo (2009: 31-32)
defiende la profunda idea de que los sociólogos, a fin de cuentas, nunca llegan
a conclusiones sobre la causalidad sobre la base de la observación de
“regularidades empíricas” de relaciones entre variables, aunque a veces así
parezca, sino en base a la estimación de “variaciones” entre ellas (véase
también Dieks et al., 2012). Por ello, Morgan y Winship (2007: 279), en cuanto
a la sociología, mencionan que, “como analistas observacionales, somos capaces
de concebir las condiciones que seguirían de una hipotética (pero quizá
físicamente imposible) intervención” (traducción propia);
Para
Jackson y Cox (2013), existen tres grandes tipos de experimentos en ciencias
sociales: de laboratorio, de campo y “de encuestas”. Los primeros son los
experimentos utilizados generalmente en psicología social e individual y, a
veces, en campos como la economía del consumidor y la administración, e
involucran la utilización de un mismo tratamiento
para dos grupos de personas formados
de manera muy cuidadosa o “aleatoria”
(uno de personas “tratadas”, y el otro “de control”), mientras se
controlan todas las otras variables que pudiesen intervenir (Martin y Sell,
1979, Webster y Sell 2014). Ejemplos de este tipo son los clásicos experimentos
de Hawthorne y varios experimentos sobre relaciones sociales llevados a cabo en
la psicología social americana. Los experimentos
de campo involucran el control de una intervención sobre un grupo aleatoriamente
elegido de personas, frente a otro no
afectado y de “control”, a través de un estímulo artificial que simula un
estímulo “natural” (como la dicción de una frase racista o una política
adoptada por el gobierno) y la medición u observación de sus efectos en ellas (Harrison
y List, 2004; Gerber y Green, 2012). De este tipo se han realizado al estudiar
el racismo y las respuestas de las personas a distintos estímulos, así como en
los llamados “experimentos sociales” (e. g. Greenberg y Shroder, 2004) que en
realidad son evaluaciones de los efectos de las políticas públicas sobre
variables específicas en dos poblaciones distintas. Finalmente, los
experimentos “de encuestas” utilizan los beneficios de las encuestas de hogares
(en especial, su generalidad) para hacer “experimentos de campo” a gran escala
y utilizando diversos estímulos o “intervenciones” en diversos grupos humanos
aleatoriamente elegidos
A esta
clasificación de diseños experimentales (que también pueden desarrollarse y
experimentarse a través de la investigación metodológica, e. g., utilizando
encuestas por internet - Dillman, Smyth y Christian, 2014) es preciso añadir
otros tres grandes tipos: los llamados “cuasi-experimentos”, ejecutados cuando
no es posible la selección aleatoria de grupos de personas pero sí la
intervención medida (Mark en Hesse-Biber y Leavy, 2008); los experimentos
“naturales” (Dunning, 2012), realizados cuando se desean observar directamente
fenómenos externos no controlados y sus efectos como “intervenciones”, a la vez
que alguna técnica de aleatorización; y, cuando ni la aleatorización ni la
intervención en el mundo real son posibles, siempre es posible la simulación
artificial basada en agentes, una metodología que consiste en concebir
“personas” o “agentes” como pequeños programas autónomos y observar la conducta
simulada, aleatoria y “social” de estos como producto de algoritmos automáticos
que podrían hacer las veces de una teoría social o una serie de variables
hipotéticas relacionadas y ejecutadas caóticamente por el programa, tal como
sucede en un juego de computadora con un jugador que es en realidad una
inteligencia artificial (Sawyer, 2005; Gilbert y Troitzsch, 2006; Lenhard,
Kuppers y Shinn, 2007; Castellani y Hafferty, 2009; Edmonds y Meyer, 2013).
Aunque
no es posible con el último método “explicar” cosas, sí lo es crear teorías y
predicciones sobre datos reales (Whitehouse et al., 2012). Finalmente, es
posible decir que todos estos diseños experimentales tienen relación con el así
llamado método comparativo utilizado en diferentes ciencias sociales, lo cual
también es una opción válida para realizar explicaciones o crear teorías a
juzgar el avance que han experimentado los estudios de caso en sociología
(Glaser y Strauss, 1967; Sartori y Molino, 1991; George y Benett, 2005; Ragin,
2008; Pérez-Liñán, 2008). Todos los métodos experimentales son compatibles con
técnicas mixtas de recolección de datos, y (se sugiere) también de análisis de
datos (incluso la simulación artificial de sistemas sociales, según Dilaver,
2015); lo específico de la experimentación es la identificación precisa de estrategias de diseño para la
determinación de explicaciones basadas en variaciones entre variables.
Sociología aplicada
No nos
detengamos ahí. Alguien podrá pensar que tanto esfuerzo no vale la pena; pero,
¿qué pasaría si hubiese una forma de desarrollar la sociología “aplicada” por
medio de investigaciones científicas sobre la aplicación de diferentes intervenciones sociales? Este tipo de
investigaciones se realiza hoy en trabajo social, comunicación para el
desarrollo, educación para adultos (y cualquier otra clase de pedagogía),
enfermería, medicina (manual de Cochrane), administración pública (gestión de
políticas públicas) y otras ‘ciencias del servicio’. ¿Y qué de lo que podríamos
denominar “sociología aplicada”? Un avance, quizá, es la existencia de una
Asociación para la Sociología Aplicada y Clínica con sede en Michigan, Estados
Unidos, una sección de Práctica Sociológica y Sociología Pública en la Asociación
Americana de Sociología (ASA, por sus siglas en inglés) y una serie de cerca de
20 libros de la serie “Sociología Clínica: investigación y práctica” de la
editorial Springer[18].
Como debe notarse, la mayor parte de estos avances se realizaron en Estados Unidos.
Puede
seguir pensándose, sin embargo, que la sociología, por su naturaleza, encuentra
dificultades que otras disciplinas aplicadas no. ¿Cuál sería en todo caso la
característica distintiva de una sociología aplicada? Esa pregunta fue
respondida varias veces por la sociología norteamericana (Ward, 1906; Gouldner
y Miller, 1965; Whyte, 1998; Burawoy, 2005; Jeffries, 2009); y ha logrado
cubrir temas como intervención en comunidades, resolución de conflictos
sociales, investigaciones sobre las instituciones de ayuda social (mayores de
edad), sociología de la salud, entre otros (véanse los títulos de la mentada
serie de Springer). Nótese que muchas
son investigaciones comparativas de las aplicaciones de la sociología, lo que
beneficia a los lectores, generalmente otros sociólogos y estudiantes de
sociología de habla inglesa.
Pensemos
en aquello que aún no se ha inventado. La sociología latinoamericana mantuvo
siempre una fuerte relación con la filosofía social, p. e., diferentes
versiones del marxismo (Marini y Millán, 1995 y De la Garza y Barbosa, 2006).
Quizá es posible reconocer esa herencia, hacer “ciencia”, y al mismo tiempo
aprovechar la clase de conocimiento proporcionado, por ejemplo, por la
ingeniería de proyectos con sus diferentes sistemas de gestión (PMI, PRINCE2,
metodologías ágiles, etc.), la investigación participativa (SAS2) y la
investigación evaluativa (Stufflebeam y Coryn, 2014). En este punto, debemos
volver a los debates filosóficos en la filosofía de la ciencia: en específico,
la relación ambigua entre ciencia y tecnología[19].
Para algunos, la sociología no debe ser considerada una ciencia aplicada, sino
una profesión, y preferirán especializarse en tareas no relacionadas a la
investigación ni a la academia (llamemos a estos “sociólogos
anti-intelectualistas”); para otros, en cambio, la necesidad de la relación
entre “aplicación” y “ciencia” sería sumamente beneficiosa (llamémoslos
“intelectualistas”). De manera significativa, una de las conclusiones filosóficas
de este debate y de otros parecidos en la filosofía de la ciencia es,
curiosamente, la justificación del “pensamiento de diseño”. Además, en ambos
casos, realizar investigación, escribir y mejorar los métodos de aplicación es
la forma más práctica, altruista y determinante de democratizar conocimientos
que, de otra forma, permanecerán como propiedad de entes particulares. Por el
contrario, y de manera más importante, la creación, valorización y difusión del
conocimiento tecnológico o científico que podamos o queramos producir como algo
propio tiene relación con el uso de las patentes, con lo que se conoce
mundialmente como “transferencia tecnológica” (Liu et al., 2009, Hsiu-Ching et
al., 2013), ¡y hay quien ha pensado en la transferencia tecnológica-social!
(Stöckelová, 2012).
Conclusiones: especificidades de la
sociología peruana
En
definitiva, la sociología peruana se encuentra relegada, junto a otras ciencias
sociales, ya en términos de presupuesto y oportunidades para investigar por
parte de entidades oficiales como el CONCYTEC (la falta de científicos sociales
la lista de premiados por haber publicado en revistas prestigiosas nos da un
primer atisbo[20]) como
de puestos de trabajo donde se valoren nuestros conocimientos justamente y de
maneras innovadoras. Sin embargo, prohibir y limitar la posibilidad de hacer
ciencias sociales peruanas bajo estándares mundiales de rigurosidad científica
es responsabilidad, es cierto, del personal docente en nuestras facultades de
ciencias sociales, pero también de nosotros como profesionales particulares: la
universidad y los journals privados
deberían ser, por excelencia, los centros creación y experimentación de nuevo
conocimiento científico, a excepción quizá de los centros de investigación
privados o públicos[21]
(e. g., Grade y CIES para la investigación socio-económica, y CENSOPAS para la
salud ocupacional) y las empresas (con sus propios objetivos). Aunque ambos
espacios parecen propicios y aun financieramente beneficiosos, hay un par de
cosas que hacen único al espacio universitario. Por ejemplo, si bien casi todos
los journals de socioogía más famosos
en Scimago se han independizado total
o parcialmente de las instituciones que originalmente los patrocinaron para
constituirse en organizaciones independientes, sus contribuyentes son generalmente
investigadores ligados a diversas universidades en el mundo.
En ese
sentido, aprovechar ideas, métodos y resultados de investigaciones provenientes
de un país distinto para mejorar nuestra sociología no debe ser ningún motivo
de vergüenza. En ese caso, la aprobación a veces acrítica que gozan en el Perú
las teorías sobre la ética protestante de Weber o de la plusvalía de Marx,
creadas con referencia a contextos y en tiempos muy alejados a los nuestros,
debería serlo también. Mirando al pasado, en consenso con Ritzer (1992), es
posible que la mayoría de nuestras teorías sociológicas favoritas sean
reinterpretaciones de otras tradiciones (incluyendo aquí, por supuesto, a todo
tipo de marxismo o teorías críticas). Sobre todo, recordemos que la sociología
es también un arte, y lo ha sido aún en Perú; pienso que debemos asegurar la
diversidad en la definición del objeto de la sociología, y eso sólo será
posible si examinamos su historia global y peruana a detalle.
Por otro
lado, en un contexto en el cual contamos con una nueva ley universitaria que
crea sistemas de investigación acreditados[22],
incentivos tributarios para investigación y desarrollo[23],
incentivos para la publicación de revistas científicas[24],
incentivos para la innovación social [25]
[26] [27] [28] [29] [30] [31] , e
iniciativas públicas a favor de proyectos de innovación[32]
y transferencia tecnológica[33],
¿por qué alarmarse si alguien propone la posibilidad de una o varias
sociologías científicas? Esto no se trata de encontrar al nuevo ‘sociólogo más
importante’, al ‘mejor metodólogo’ o de establecer una o varias ‘polémicas’
como las que vemos en la farándula de nuestros medios locales. Tampoco se trata
de desdeñar la importancia de lo que ya existe ni de las tendencias imperantes
en sociología. Toda esta reflexión e investigación se trata de proponer algo
nuevo empezando por la asimilación y transformación completa de la serie de
ideas que nos provee la sociología realizada en otros contextos, algo que
genere una marca duradera en nuestras escuelas de sociología y vuelva a nuestra
carrera relevante en la sociedad.
Más allá
del sueño, su realización implica trabajo duro y constante con el que nos
animemos entre nosotros y con el que podamos obtener nuevos servicios de calidad que llevar al mercado, creando
competencia y mejorando la manera en que hoy en día se hace la sociología. En
principio, este trabajo requiere fomentar nuestra la redacción, utilizar la
tecnología en nuestro provecho, tener un hambre de nuevas experiencias
laborales, crear iniciativas grupales y luchar por manejar el idioma inglés.
Pero también necesitamos de más propuestas. Mi idea personal es la formación de
un Grupo de Estudios sobre Diversidad, Identidad y Utilidad de la Sociología
(GEDIUS) en San Marcos. Todo aquel que esté interesado en el proyecto está
invitado a contactar al autor de este ensayo[34].
En este
ensayo, mi intención ha sido despertar curiosidades múltiples en e introducir
varias herramientas a un público de sociólogos y estudiantes de sociología de
todas las universidades peruanas. Recordemos la pasión que nos impulsó a
estudiar esta carrera, una que nos hacía soñar con ayudar a la gente o cambiar
el mundo. Si no abrimos los ojos al mundo científico actual y a las diversidades
ventajosas de la sociología, aquella se apagará con el tiempo. Esa pasión tiene
el potencial de idear, descubrir, lograr cosas, y seguir siendo humilde; y
puede inyectar optimismo en los estudiantes y profesores abatidos. Soy testigo
de eso. Si no la cuidamos, desaparecerá totalmente; no dejemos que eso suceda.
Construyamos una sociología sobre los principios científicos actuales.
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[3] En un curioso paralelo
a algo que Lynch dijo sobre la sociología política peruana de los noventa
(Lynch 2001).
[4]
Es triste descubrirlo a través de una visita a las páginas web de varias
escuelas de sociología en el Perú, a excepción de algunas (PUCP, Villareal).
[5] Para entendernos mejor,
recuérdese el espíritu de la reforma Universitaria en progreso (http://reformauniversitaria.pe/que-es-la-reforma-universitaria/lineamientos-de-la-politica/).
[6] Creo que algo así como
una propuesta de ‘ley del sociólogo’, como la propuesta por el profesor
Dammert, considerando cómo se obedecen las leyes en nuestro país, no es una
solución del todo acertada.
[7] Quantitative Methods, Universidad de Ámsterdam, Coursera, 2015-2016.
[https://es.coursera.org/learn/quantitative-methods].
[8] “1. f. Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la
observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se
deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables
experimentalmente. 2. f. Saber o erudición… 3. f. Habilidad, maestría, conjunto
de conocimientos en cualquier cosa… 4. f. pl. Conjunto de conocimientos
relativos a las ciencias exactas, físicas, químicas y naturales.” Tomada de: http://dle.rae.es/?id=9AwuYaT.
[9] “1: estado de conocer: conocimiento distinguido de la
ignorancia o malentendidos; 2a: departamento de conocimiento sistemático como un
objeto de estudio (<la ciencia de la teología>), b: algo (como un deporte
o técnica) que puede ser estudiado o aprendido como conocimiento sistemático
<hacer de ello una ciencia>; 3a: conocimiento o un sistema de
conocimiento que cubre verdades generales o la operación de leyes generales
especialmente obtenidas y probadas a través del método científico, b: dicho
conocimiento o dicho sistema de conocimientos concernientes con el mundo físico
y sus fenómenos: ciencias naturales; 4: un sistema o método reconciliando fines
prácticos con leyes científicas <la cocina es tanto una ciencia y un
arte>.” Obsérvese la amplitud de significados que el término adopta en
contraste con la primera definición. Traducción propia; tomada de: http://www.merriam-webster.com/dictionary/science.
[10] “1. (Un razonado,
ordenado, con objetivos de certitud de opiniones) conocimiento que produce la
actividad de investigación en un área particular. 2. El conocimiento individual
sobre un determinado asunto”. Traducción adaptada y realizada mediante Google
Translate; tomado de: http://www.duden.de/rechtschreibung/Wissenschaft.
En adición, compárese lo que la Standford
Encyclopedia of Philosophy tiene que decir sobre la palabra Wissenschaft: “La palabra inglesa “science” es mayormente usada acerca de
las ciencias naturales y otros campos de investigación que son considerados
similares a ellas. Por ende, la economía política y la sociología son contadas
como ciencias, mientras los estudios de literatura e historia usualmente no lo
son. La palabra alemana correspondiente, Wissenschaft,
tiene un significado mucho más amplio e incluye todas las especialidades
académicas, incluyendo a las humanidades”. Traducción propia; tomado de: http://plato.stanford.edu/entries/pseudo-science/.
[12]
La crítica de Jean-François Lyotard hacia la gran narrativa de la ciencia
occidental parece haberse basado en una malinterpretación de los libros de
Feyerabend. Véase:
https://terenceblake.wordpress.com/2016/06/27/feyerabend-lyotard-and-postmodernism-1-ambiguities-and-convergences/.
[13]
Búsquese, por ejemplo, “History of
science” en Google Libros. Entre los resultados se hallarán investigaciones
interesantes acerca de la ciencia en diversos países.
[14] Scimago utiliza un índice que incorpora
citas, documentos, búsquedas y diversidad de contenido. El “primer cuartil” es
el primero de cuatro cuartiles distinguidos por colores en función de dichos
índices.
[15] Véase: http://www.scimagojr.com/journalrank.php?area=3300&country=Latin%20America&min=0&min_type=tc;
http://www.scimagojr.com/journalrank.php?area=3300&country=Latin%20America&category=3312;
http://www.scimagojr.com/journalrank.php?category=3312&area=3300&page=3&total_size=951.
Es curioso que el Latindex (www.latindex.org/) no cuenta con un
ranking especializado, en detrimento de nuestras comunidades académicas.
[16] Información de Scopus, disponible aquí: http://www.scimagojr.com/shapeofscience/
[17] Questionnaire Design for Social Surveys,
Universidad de Michigan, Coursera, 2014-2016.
[https://es.coursera.org/learn/questionnaire-design]
[18] El resumen de la obra International Clinical Sociology (Fritz,
2008) señala que: “International Clinical
Sociology muestra el arte y la ciencias de los sociólogos clínicos de
alrededor del mundo. La sociología clínica es una especialización creativa,
humanística y multidisciplinaria que buscar mejorar las situaciones de vida de
individuos y colectividades. Los sociólogos clínicos trabajan con sistemas
clientes para enfrentar situaciones y prevenir, reducir o eliminar problemas a
través de una combinación de análisis e intervención.” En adición, la lista
completa de títulos de la serie está disponible aquí: http://www.springer.com/series/5805?detailsPage=titles.
[21]
Es cierto que el Latindex lista cerca
de 450 revistas publicadas por universidades y otras organizaciones peruanas,
aunque pocas de estas figuran en el “primer cuartil” de Scimago. Véase: http://www.latindex.org/latindex/tablaPais?id=35&id2=0.
[22]
Ley N° 30220
[23]
Ley N° 30309
[34] E-mail: diegopaucarv@hotmail.com.
Diego Mauricio Paucar-Villacorta.- Estudiante de último año de sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Interesado en sociología aplicada y sociología del desarrollo, además de sociología de la religión y metodología.
Correo: diegopaucarv@hotmail.com




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